Escanciar sidra es todo un arte, es la seña de identidad por antonomasia de la sidra natural y además de un rito con casi siglo y medio de antigüedad, es un servicio al cliente y un complemento necesario para degustarla en todo su esplendor. 

El arte de escanciar

El escanciado de sidra nace de la mano del embotellado, ya que con el escanciado se busca airear la bebida, imitando la presión con la que la sidra sale de la espicha del tonel. Mediante el escanciado se mezcla el oxígeno del aire con el carbónico que contiene la sidra. Así, el sabor y el olor adquieren mayor relevancia y la bebida coge un poco de aguja.

La postura del escanciador debe ser recta, sin llegar a rígida. La tradición manda colocar el brazo que sostiene la botella por encima de la cabeza; y el que sostiene el vaso, estirado hacia abajo y colocado en el centro del cuerpo. El vaso debe permanecer inmóvil y ser el chorro de sidra el que encuentre el recipiente. Al escanciar el líquido debe romper y expandirse formando una estrella de burbujas. Cuando la sidra tiene alcohol y “espalma” bien, la espuma permanece poco tiempo en el vaso después del escanciado se dice que ‘tiene alma’.

Es preferible que el vaso sea ancho, de unos 9 centímetros de boca  y de paredes finas y altas, unos 12 centímetros. No se debe verter más cantidad de la que se pueda beber de un trago, lo que los asturianos llaman un “culín”. Después de beber existe la costumbre de tirar los posos al suelo, una tradición que proviene de la cultura celta; con este gesto, los antiguos astures devolvían a la Madre Tierra parte de lo prestado.

Escanciar sidra es un arte con o sin escanciador de sidra y beberla un placer, a que esperas para venir al paraíso y poder disfrutar de ella.

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