Cuentan los vecinos más antiguos de Nieva (Laviana, concejo de Gozón) que hace muchísimo tiempo existió una ciudad a orillas de la Ría de Avilés, conocida con el nombre de Argentola.

En aquella ciudad había una gran iglesia en la que estaba enterrado el primer obispo de la diócesis de Oviedo. Al parecer la ciudad fue arrasada por un cataclismo, una marea gigantesca que la hizo desaparecer completamente.

Los pocos que sobrevivieron consiguieron trepar a las colinas de alrededor y fundaron allí el pueblo de Nieva. La leyenda cuenta que estos supervivientes llevaron consigo los restos del obispo que hoy estarían sepultados en la capilla de San Juan del pueblo de San Juan de Nieva.

Es el día de hoy que algunos marineros, cuando el vino les suelta la lengua, afirman haber visto entre las oscuras aguas de la ría el reflejo de un campanario derruido, cubierto por las algas y las llámpares. Sería el resto de aquella gran iglesia, que como obra de la vanidad humana sucumbió al empuje de la mar.

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