Monasterio de Hermo, junto al gran bosque astur, entre osos y urogallos, entre “toxos y xestas”, entre Xanas y Brujas.

Monasterio de HermoTodo puede existir en este rincón de sombras verdes. Y todo existe. Las brujas tienen su paso hacia el aquelarre de Veiga del Palo, donde celebran cultos paganos, danzan, participan en orgias sexuales con los diablos y adoran a Satán, que preside las reuniones bajo la forma de un macho cabrío. A mediados del siglo XIX, el Tío Anxelo, natural de este lugar y residente en Madrid, aseguraba, convencido, que todos los años, en el mes de agosto, era transportado por las brujas “sin saber como”, hasta la cercana fuente de las brujas para unirse al baile de estas hembras malignas. Volvía a Madrid, al fin, como llegaba: incomprensiblemente. La citada fuente causa un temor primitivo y los habitantes de Monasterio de Herno la rehuyen, temiendo ser mordidos allí, por las brujas. Heridas y rasguños extraños eran atribuidos a tales mordeduras, y para liberarse  de éstas y, asimismo, espantar a las brujas, solían emplear el laurel bendito, los sábados de ramos, en la iglesia parroquial.

También moran las Xanas y es mito más “guapo” y amable, aunque no sin peligro para el atrevido. Así sucedió con la “encantada” de Penedo de Sequeras. Aparecía en lo alto tendido una colada de blanca y brillante pureza. Todos hablaban de ella y un vecino de genio osado se aventuró en el dominio de la bella furtiva. Quedó fascinado entre las sedas blancas del tendal, pero una hermosa capa con dibujos de rosas, que blanqueada al verde, llamó poderosamente su atención. Se aferró a ella y, cuando volvió cara hacia el pueblo, explotó a su alrededor el rugir de la misma tierra y se elevó una voz terrorífica  que lo amenazó con mil sufrimientos, si lo alcanzaban antes de llegar al Monasterio. Tembló de espanto y, viéndose morir en pecado y con padecimiento, se encomendó a la Santina y le ofreció la capa. Salvó así la vida, cumplió el juramento y la “encantada” llora, aún, la perdida.

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