Taramundi

Hablar de Taramundi significa referirse al paraíso de la artesanía y la estenografía, un lugar donde aún perviven los más ancestrales oficios que caracterizaron al profundo occidente asturiano.

Desde  Castropol debemos remontar la ría del Eo hasta el núcleo de Vegadeo, con sus voluminosos edificios de galerías y balcones que todavía saben a mar. Poco después la ruta se adentra en verdes valles hundidos entre laderas empinadas, cubiertas de repoblaciones de pinos y eucaliptos que desvirtúan un paisaje que parece entregado a la voluntad del hombre. A cambio, la arquitectura popular rinde homenaje a su tierra al utilizar materiales de entorno, pizarra, madera y más pizarra. Cualquier casería y poblado de los que vamos encontrando atrae la mirada por su arcaica mampostería y sus notorias imperfecciones  que la vejez vuelve atractivas.

molino-de-os-teixoisTaramundi es una pequeña localidad acomodada en un ladera. En lo más alto del caserío, lo primero que vemos es el complejo de la Rectoral, una de las primeras iniciativas de turismo llevadas a cabo en Asturias. A pesar de su ubicación, Taramundi resulta sorprendentemente turística, animada por el tránsito de gentes llegadas de lugares dispares. Los principales comercios de la villa son tiendas de artesanía y recuerdos, todas con un genuino sabor local. Es toda un tradición llevarse la típica navaja, sin duda, el más afamado de los productos artesanos, con su magno de madera decorado con figuras geométricas.

En la plaza más céntrica del poblado una escultura recrea el tronco del Carbayo de Poyo, un centenario roble que se dice que fue plantado en tiempos de Felipe II y a cuyos pies se administraba justicia. Este es un buen punto de reencuentro para continuar camino, ya que nadie que pase por Taramundi se puede conformar con callejear por el pueblo y curiosear en sus tiendas de artesanía. Obligada es la visita del cercano conjunto etnográfico de Os Teixos, al que se accede por una estrecha y vertiginosa carretera que se pierde en las entrañas del valle del río Turia. Al final, hundida en la umbría del caudaloso torrente, encontraremos una casería de ensueño, con sus viviendas, cabazos y cabañas, pero también con un completo repertorio de ingenios hidráulicos construidos en los siglos XVII y XIX y que eran de uso comunal. Así hay un molino para fabricar harina, un batán para enfurtir, un mazo para trabajar el hierro fundido, acompañado de una piedra de afilar para dar forma a los objetos, y una rudimentaria central hidroeléctrica.

Textos: Guía de la Costa Asturiana

Foto 1: Jose Lus Cernadas

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